Este tema es un puntal en el trabajo de Alejandro Toledo. Al asumir su gobierno, en julio de 2001, afirmó que el eje que motivaría su gestión serían los pobres. Entonces, el porcentaje de pobres en el Perú llegaba hasta 53%. Al término de su mandato, las cifras señalaban que la pobreza se había reducido en 5 puntos, llegando hasta 48%.
Un año después, una nueva medición de la pobreza, efectuada por la nueva administración, reveló que en el 2006 la pobreza llegó a 44,5%. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que midió hasta el año 2006 señaló que, efectivamente, un 44,5% de la población de Perú se encontraba en ese momento bajo el umbral de la pobreza, mientras que un 16,1 por ciento vivía aún en situación de extrema pobreza (al dejar su gobierno Toledo mencionó que ésta había bajado de 24% a18%).
Las nuevas cifras reevaluaron la gestión de Alejandro Toledo en el tema de la lucha contra la pobreza: durante su gobierno, ésta se redujo en 10 puntos.
Esto fue posible gracias a la priorización de programas considerados “de urgencia social” como el Programa A Trabajar, el impulso de programas de cobertura de servicios básicos como agua potable y electrificación rural y, en el último tramo de su gobierno, el sistema de ayudas condicionadas conocido como Programa Juntos, el mismo que hasta hoy se ejecuta en el Perú. En las ciudades se pensó en renovar el mobiliario de cocina de los comedores populares, a través del programa Mi Cocina.
También se empujó a la población en su proceso de emerger de la situación de pobreza otorgándole la posibilidad de acceder a créditos para comprar una vivienda digna.
Hay dos resultados, en la lucha que emprendió, que el ex presidente resalta: Primero, que lo que más bajó fue la pobreza extrema: más de un millón de peruanos salieron de la pobreza extrema durante su gobierno. Y segundo, que la disminución se produjo fundamentalmente en las provincias. La pobreza rural descendió de 77,1% a 72,5%.
Para él, este trabajo no terminó el 28 de julio del 2006. Ese día pidió “a las mujeres y hombres del Perú que en esta tarea (lucha contra la pobreza) nos juntemos de la mano, independientemente de nuestras diferencias políticas. Los pobres no tienen color político”.
Hoy, desde su trabajo en el Centro Global para el Desarrollo y la Democracia, sigue impulsando, esta vez a nivel de los gobiernos de la región, la teoría que guió su trabajo y que quiere transmitir a los gobernantes de los países en desarrollo: la reducción de la pobreza incide directamente sobre la percepción que la gente tiene sobre la efectividad de la democracia. Por lo tanto, luchar contra la pobreza es luchar por la vigencia de la democracia. |